¿Quién sabe?

Todos los mexicanos interesados en el tema de la elección presidencial y que, de una forma u otra, ya tienen un candidato predilecto, aseguran que será él o ella (su candidato/a), quien ganará la elección.

Nada más inexacto aún, puesto que todavía falta algo de tiempo y el puntero puede sufrir un ataque informativo y bien movido en las redes sociales o, puede crecer todavía más por la ineficiencia de sus contrarios.

El otro elemento por considerar y que no se ha ventilado lo suficiente, es la cantidad tan grande de indecisos que en su mayoría han declarado que no votarían por López Obrador (cerca del 80% de ese universo, no es poca cosa).

Y la supuestamente documentada holgazanería de los Millennials el día de la votación, eso podría mover la balanza.

No hay nada seguro. También los actores relevantes de la vida en México y que hoy hacen públicas sus diferencias con AMLO, mañana podrían estar sentados a la mesa con él, negociando perdón y bendiciones. No sabemos.

Y si Ricardo Anaya sigue desaparecido como pasó después del debate, pues nada que esperar de él y su coalición.

Y si el relanzamiento de Meade fue más bien una puesta en escena y las bases priístas, molestas y ofendidas, ya le prometieron su corazón al tabasqueño, no habrá nada qué hacer.

Y si, como dicen, la posibilidad de un frente donde los contrarios a López Obrador se unieran es imposible por todas sus diferencias, pues tendremos a un AMLO presidente.

Pero, si todo lo anterior se diera total o parcialmente, pues quién sabe.

Twitter: @adejorge


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