Nada de qué hablar

Estamos en esa etapa odiosa en la que todo tiene que ver con las campañas electorales. La mayoría de los comentarios de quienes hacen campaña son promesas huecas y muchas de las ocasiones, mentiras. Mentiras que el electorado quiere escuchar de cada uno de sus candidatos, independientemente de los puestos a los que aspiran y de los partidos que representan, se incluyen los independientes.

Promesas y mentiras que, sabemos por experiencia, no serán cumplidas. Pero eso es lo único que quiere escuchar el gran público. El consumo de estas notas no tiene fin.

No importa qué esté pasando en México y en el mundo, no importa si son asuntos políticos de relevancia o de otra índole pero que afectan nuestras vidas.

En México hoy todo es fabricar percepción de que unos van ganando y otros perdiendo. De que unos crecen y otros están desahuciados. Todo es estimar o desestimar la encuesta más reciente según convenga al interesado, como si realmente importara; puesto que, a la hora de estar en la intimidad de la urna, cada uno tomará la decisión final ya por venganza, ya por miedo, ya por euforia o por total irresponsabilidad.

Después vendrán los reclamos de siempre, los acuerdos de siempre, los reacomodos de siempre, las desilusiones de siempre.

Hoy no hay nada de qué hablar porque todo suena a lo mismo, no hay nada de qué hablar porque todo se irá al mismo océano de palabras que se evaporará luego del primero de julio.

Nada de qué hablar porque la verdad, esos odios, esos egos, esas arrogancias, esas mentiras, ya me tienen hasta la madre.

Twitter: @adejorge


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