¿Y los delitos?

Una de las cosas que más reclamo a la clase política, del partido que sea, es la burla poselectoral. Durante la competencia por hacerse de un cargo público se dan hasta con la cubeta, se denuncian toda clase de fechorías supuestamente cometidas por el adversario, se documentan, en algunos casos, verdaderas anomalías en el actuar de muchos de los candidatos… pero después de la elección, nada.

Sólo queda el reclamo de los perdedores, mismos que fueron acusados de ladrones y deshonestos, tramposos y vividores. Pero a los que ganaron también los acusaron y en ocasiones con razón.

Y todo se olvida. En las más recientes elecciones se evidenció la valiente deshonestidad de los que rodean al mesías tropical, López Obrador, ahí están las pruebas y ¿qué pasó? ¡nada! Eva Cadena y la propia Delfina son ejemplos imposibles de olvidar ¿por qué? porque ya vienen otras elecciones.

Es suficiente haber ganado para quien denunció las fechorías del adversario. Eso es lo único que buscaban aun cuando gastaron fuertes cantidades para desenmascarar al otro. Se trata de ganar las elecciones y después todo será olvidado. Me pregunto qué hubiera pasado de haber ganado Delfina ¿estaría el PRI tan tranquilo luego de haber comprobado los desvíos de recursos que la candidata de Morena hizo cuando fue presidenta municipal de Texcoco con el fin de hacerse de dineros para su campaña y, seguramente, haberle pagado la candidatura a López?

¿Por qué no se siguen esos delitos de oficio? Eso es también una forma de fraude al electorado, puesto que se entiende como una herramienta para convencer que el otro es peor que uno mismo, pero con el acuerdo tácito entre ellos de no meterlo a la cárcel por lo que, supuestamente, nos dijeron había cometido.

¿o todo fue un invento?

Si se quiere fortalecer la Democracia en nuestro país, tiene que atenderse este asunto con seriedad, dado que no es posible que eventos como los sucedidos en las pasadas elecciones queden impunes. Eso habla de contubernio.

Twitter: @adejorge


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